Meditar para calmar la mente

Meditar para calmar la mente

¿Crees que meditar consiste en dejar la mente en blanco? ¿Te han contado que la meditación es una técnica para vaciar la mente de pensamientos? Pues lo siento, no es cierto. En este artículo combatiré este ‘mito’ sobre la meditación y te explicaré cómo la meditación te puede ayudar a calmar la mente.

Pensamientos y sufrimiento

Nuestros pensamientos son una de nuestras principales causas de estrés y sufrimiento. Los pensamientos recurrentes —obsesivos, en ocasiones— atormentan a muchas personas. En el budismo se utiliza la expresión mente de mono para referirse a esa mente que salta frenéticamente de un pensamiento a otro.

Vivir atrapados con una mente que no se detiene y no nos da descanso es agotador. Por eso es que con frecuencia intentamos escapar de nuestros pensamientos; pero ya sabes por experiencia que no es fácil…

Si no queremos ver algo, tan solo tenemos que cerrar los ojos. Dejar de escuchar algo es más difícil: podemos taparnos los oídos, pero no conseguimos silencio total. Y con los pensamientos es mucho peor. ¡No podemos escapar de ellos porque están dentro de nuestra propia cabeza!

Dice el maestro zen Dokushô Villalba que la mente produce pensamientos del mismo modo que el hígado produce bilis o el estómago genera jugos gástricos. Y no podemos controlar la secreción de bilis ni la de jugos gástricos, así como tampoco podemos detener los pensamientos.

No obstante, lo intentamos por todos los medios.

La mayoría de la gente recurre a la televisión, las redes sociales, la comida, el sexo o las drogas como vías de escape. Y hay quien pretende silenciar su mente a través de la meditación.

Por desgracia, la meditación no acalla nuestros pensamientos por arte de magia. El camino a la calma mental profunda requiere paciencia y compromiso; y el primer paso consiste, paradójicamente, en crear el espacio necesario para que nuestros pensamientos se puedan manifestar.

El cine del proyeccionista loco

Sentarse a meditar es como colarse en una sala de cine sin saber qué película van a poner. Mejor dicho, es como meterse en el cine de un proyeccionista loco que va poniendo cortes de cientos de películas distintas sin una secuencia lógica. La mente de mono está a cargo del programa.

A veces nuestra mente es un lío…

Estás ahí sentada —o sentado, hoy aquí tienen prioridad discursiva las mujeres—, concentrada en tu respiración. Inspiras, espiras. Inspiras, espiras. Y te viene a la mente esa tranferencia que tienes que hacer. De ahí pasas a preguntarte cuándo te ingresarán la nómina y si finalmente obtendrás ese ascenso que tanto ansías.

Al rato, recuerdas que estabas meditando y vuelves a la respiración.

Sin embargo, no tardas mucho en volver a perder el hilo. Te preocupa tu madre. Se está haciendo mayor y la ves muy sola. Te gustaría verla más, pero estáis demasiado lejos y tu economía no está como para coger un vuelo todos los meses… Desde luego que el ascenso te facilitaría las cosas.

Fotografía de mujer meditando con los ojos cerrados.

Vuelta a la respiración. Inspiras. Espiras. Inspiras. Espiras.

Hasta que vuelve a sonar la alarma, te has perdido en tus pensamientos otras 17 veces más. No sabes por qué, pero una de las veces te encontraste pensando en tu primer novio, el del pueblo. ¡Si hacía más de diez años que no pensabas en él!

Esperabas una pantalla en blanco, pero te encontraste en la sala del proyeccionista loco.

Bienvenida a la meditación. Las primeras experiencias con la meditación suelen ser algo así. Ni siquiera quienes hace tiempo que practican suelen librarse de su dosis de mente de mono. Yo llevo más de 15 años meditando y no veas las películas que ponen en mi cine…

Las nubes y el cielo azul

Vamos a cambiar de imagen; olvida el cine. La meditación es convertirte en el cielo. El cielo es azul, sin embargo las nubes lo surcan y tiñen constantemente. De hecho, en ocasiones lo tapan por completo.

Sin embargo, el cielo es siempre el mismo. Lo que cambian son las nubes. Al cielo le da igual que haya nubes blancas, grises o negras. Tampoco le importa que no haya nubes.

Y esa precisamente debe ser tu actitud cuando medites. Deja pasar las nubes blancas, las grises y las negras. Sin apego. Sin aversión. Sin juicio. Con ecuanimidad.

Paisaje con el cielo azul y una nube blanca.

Viene la transferencia. Se va la transferencia. Tu madre llega y se marcha. ¡Anda, tu exnovio! Ya no está. Eran nubes pasajeras (todas lo son). Y tu conciencia es el cielo azul.

Con el tiempo y la práctica, habrá más días de cielo despejado. Aunque no te librarás de las tormentas ocasionales ni de un buen puñado de días con el cielo encapotado.

La vida es transformación

Cuando mueras, tus pensamientos cesarán. Si el destino quiere que caigas en coma, supongo que también. Y cada noche te regalará unas horas de paz. No obstante, mientras estés despierta tus pensamientos te acompañarán. ¡Más te vale que te reconcilies con ellos!

La meditación no borrará las nubes, pero sí que hará su tránsito más fácil. Te enseñará a dejarlas pasar sin ansiedad. Sufrirás un poco menos cuando haya tormenta. No te amargarás por un día nublado. Y disfrutarás más de los días de cielo limpio y puro.

El objetivo no es dejar la mente en blanco, sino cultivar la calma mental y la ecuanimidad.

¿Tienes ganas de intentarlo?


Fotografías de Robin Joshua, Joao Tzanno, Tim Boote, Motoki Toon, Chris Barbalis y Le Minh Phuong (Unsplash).