Ecuanimidad y meditación. Enseñanzas budistas para la paz interior

Ecuanimidad y meditación. Enseñanzas budistas para la paz interior

La ecuanimidad es uno de los frutos naturales de la práctica regular de la meditación. Medita con constancia y determinación, y te harás más ecuánime. Dejarás de ser como una cometa en medio de un vendaval y te será mucho más fácil evitar las reacciones ciegas y automáticas. Es una cuestión de práctica, de entrenamiento.

¿Te gustaría ser más ecuánime? Yo me esfuerzo para lograr serlo cada vez un poco más. Pero cuando hablo de ecuanimidad con otras personas, suelo encontrarme con rechazo, ya que la ecuanimidad les parece una cualidad indeseable.

Por esa razón he escrito este artículo, para explicarte cómo ser más ecuánime puede mejorar tu vida y la de otras personas en tu entorno.

Mas ecuánime, más libre

Cultivar tu ecuanimidad no te convertirá en un ser insensible. No, no te preocupes, seguirás cambiando de estado de ánimo como todo hijo de vecino. En ocasiones te sentirás en la cima del mundo y a veces en lo más hondo del abismo.

Fotografía de una mujer de espaldas observando el atardecer

Sin embargo, el entrenamiento de la atención, la concentración y la visión profunda —en eso consiste la meditación— te ayudará a evitar que las emociones extremas anulen tu juicio y tomen el control de tus reacciones. Por supuesto que sentirás las emociones, pero no serás su esclavo. Esa es la diferencia.

Imagínate que eres el vigía de un castillo. Si te duermes en tu turno de guardia, no verás venir al enemigo y, cuando te des cuenta de que ha llegado hasta las murallas, puede que sea demasiado tarde. Sin embargo, cuando ves al enemigo aparecer en el horizonte, tienes más tiempo para estudiar la situación y preparar tu respuesta.

Obviamante, las emociones no son tu enemigo ni tienes que luchar contra ellas; no es eso lo que sostengo. Pero si aprendes a ser consciente de ellas y cultivas la ecuanimidad, nunca más serás una marioneta en manos de tus emociones.

Y es que ecuanimidad no significa dejar de sentir. La ecuanimidad no es una anestesia emocional, sino la capacidad de ver las cosas con claridad incluso cuando nuestras emociones nos lo ponen difícil.

Ecuanimidad no es indiferencia

Algunas personas confunden el estado de ecuanimidad emocional con el de indiferencia cuando, en realidad, se trata de dos actitudes completamente distintas. La indiferencia impide una captación clara del estímulo, ya que al haber sido clasificado de «poco importante», la atención no se enfoca sobre él. Por lo tanto, tampoco hay reacción. Lo indiferente no nos hace reaccionar. Por el contrario, la ecuanimidad no es ausencia de reacción. Lo que la ecuanimidad hace es impedir una reacción apresurada, automática y ciega. La ecuanimidad proporciona al sistema nervioso un mecanismo de verificación y un sistema de autorregulación que impide respuestas extremas y poco adapatadas a la realidad. Este estado de ecuanimidad generado por la meditación zen no es de ninguna manera una falta de actividad emocional, sino un estado de equilibrio entre los dos polos opuestos de toda actividad emocional. – 

Dokushô Villalba

Entrenar la ecuanimidad no suprime tus emociones, sino que te permite relacionarte con ellas de una manera más libre y sana.

Un gran motor del cambio social

El cultivo de la ecuanimidad no solo tiene efectos en la esfera individual. Es cierto que una persona más ecuánime puede ser más feliz, pero también puede generar más felicidad en su entorno inmediato y más allá. Las personas ecuánimes tienen una fuerza tremenda que les permite trabajar para mejorar el mundo en las circunstancias más adversas.

Fotografía del XIV Dalai Lama. Gran ejemplo de ecuanimidad
El XIV Dalai Lama es un gran ejemplo de ecuanimidad

Déjame que justifique lo que he dicho con dos ejemplos personales. Piensa en Gandhi y en el XIV Dalai Lama. Son dos las personas más ecuánimes que han pasado por la tierra y, al mismo tiempo, defensores incansables de la justicia y los derechos humanos. Los dos sufrieron terriblemente y respondieron siempre con amor, paciencia y ecuanimidad; de hecho, el Dalai Lama sigue haciéndolo.

Fotografía de Mahatma Gandhi
¿Conoces a alguien más ecuánime que Mahatma Gandhi?

La lucha pacífica de Gandhi y los incontables viajes del Dalai Lama para difundir el budismo y defender la causa tibetana desde el amor y la compasión son los mejores ejemplos de cómo personas profundamente ecuánimes pueden al mismo tiempo ser líderes, activistas y motores del cambio social.

Claro que hay personas ecuánimes que no trabajan activamente por cambiar el mundo, pero no es la ecuanimidad lo que los hace individualistas. Si tú eres una persona comprometida, un activista de la causa que sea, cultivar tu ecuanimidad te ayudará a ser más resiliente ante los obstáculos y a trabajar por lo que quieres con más fuerza y determinación. No tengas miedo de ser más ecuánime.

En conclusión, cultivar la ecuanimidad es muy beneficioso tanto para ti como para los demás. Ese es mi mensaje y esta es mi invitación: entrénate para ser más ecuánime.

En este blog encontrarás varios artículos sobre la práctica de la meditación que te ayudarán a dar los primeros pasos en el camino. Si quieres, más abajo puedes suscribirte gratuitamente al blog para recibir mis próximos artículos por email.


Créditos de las imágenes:
«Dalai Lama, Boston 2012»,  Christopher Michel. CC
«Mahatma Gandhi, close-up portrait«, autor desconocido – Obra de dominio público, fuente: Wikimedia Commons.
Crystal Consciousness, Samuel Austin (Unsplash)
Bibliografía:
Villalba, Dokushô. (2007). Zen en la plaza del mercado. Claves zen para comprender y sanar el malestar existencial en la era de la globalización. Madrid: Aguilar.