Te invito a probar la meditación

Te invito a probar la meditación

Hace unos meses cumplí 31 años y me dio por mirar al pasado. Entre otras cosas, me di cuenta de que ya llevo más de la mitad de mi vida practicando meditación de manera más o menos regular. La meditación es parte de mi vida y quiero compartir su luz con quien tenga interés en el tema.

Mi primer contacto con la meditación fue a través de un libro que me compré a los quince años. Después de este libro me enganché a las lecturas sobre meditación, budismo zen y eso que ahora llaman atención plena o mindfulness. En estos últimos años he leído a Taisen Deshimaru, Sunryu Suzuki, Thich Nhaht Hanh, Jack Kornfield, Pema Chodron, John Kabat-Zinn, Dokushô Villalba, Denko Mesa y muchos otros para conocer los aspectos teóricos de la meditación.

Pero, por suerte para mí, además de leer sobre meditación también la practico. Durante un tiempo estuve practicando con un grupo de meditación zen y también he participado en algunos retiros. Sin embargo, la mayor parte de las veces medito por mi cuenta, en mi casa o en espacios al aire libre.

Mi principal práctica de meditación es la meditación sentada tal y como la enseña la Escuela Soto Zen (una de las ramas del budismo). Esta práctica, como diría el maestro Dokushô Villalba, consiste en sentarse y sentirse; en otro momento entraré en más detalle, por ahora esa definición basta.

Por otra parte, también llevo a cabo prácticas diarias en las que intento llevar la atención plena a acciones cotidianas como ducharme, fregar los platos o regar las plantas. Sentarse a meditar en un cojín y desconectar hasta la siguiente sentada me parece absurdo, por eso me esfuerzo por cultivar la conciencia y la atención en las pequeñas y grandes acciones del día a día.

Tras varios años practicando meditación, puedo decir que la práctica sistemática de la atención y la conciencia me ha dado mucha paz, claridad y centro; incluso en los momentos difíciles. Por esta razón he creado este sitio, para que otras personas puedan mejorar sus vidas –o al menos intentarlo– mediante la práctica de la meditación y el cultivo de la atención y la conciencia en la vida diaria.

Debo aclarar que no soy ni maestro de meditación ni ninguna clase de experto. Sencillamente soy un practicante que quiere compartir su práctica y sus humildes experiencias y descubrimientos con quien sea que quiera leerlas. Quiero compartir la meditación porque ha hecho mi vida mejor y creo que puede mejorar la de otros.

La meditación y tú

Si nunca has meditado, puede que tengas cierta confusión sobre lo que es meditar; y si la has practicado, posiblemente también. La meditación es muchas cosas y, depende de a quién le preguntes, recibirás una respuesta u otra. Por eso te propongo que olvides lo que sabes sobre meditación y que no te preocupes por lo que no sabes; al menos de momento.

Mi objetivo aquí no es explicar que es la meditación, sino invitarte a probarla. Con la meditación sucede igual que con la comida: te puedo describir un plátano y su sabor en todo detalle, pero hasta que no lo pruebes, no sabrás a qué sabe.

Sin embargo, quiero subrayar que hay distintos tipos de prácticas meditativas y que la mayoría comparten dos factores clave:

  • cultivo de la atención: dirigir sistemáticamente la atención sobre algún objeto físico o mental de manera sistemática (por ejemplo, la respiración, un mantra, las cuentas de un rosario o la llama de una vela)
  • cultivo de la conciencia: mantener un estado mental abierto y receptivo que acoja lo que sea que se presente en el campo de conciencia.

3 minutos de meditación

Ahora te invito a dejar de lado la teoría y a probar una sencilla práctica de meditación. Para ello deberás elegir un lugar cómodo, bien ventilado y sin mucho ruído; puedes hacerlo en casa o al aire libre. Pon en marcha un temporizador –el del teléfono móvil, por ejemplo– para que mida tres minutos. Debes estar de pie, con los pies separados a la anchura de los hombros y los hombros relajados, con los brazos colgando a los lados del cuerpo. Puedes tener los ojos abiertos o cerrados, como prefieras. Comprueba que en tu cuerpo no haya tensiones innecesarias y deja que se relajen si encuentras alguna.

Una vez hayas entrado en la postura cómodamente, sencillamente debes respirar y observar cómo el aire entra y sale de tu cuerpo. La respiración será el objeto primario de tu atención, pero otros objetos secundarios te distraerán y reclamarán tu atención. Cuando esto suceda, no te martirices, solo vuelve a llevar tu atención a la respiración y listo. El aire entra y tu vientre se hincha, el aire sale y tu vientre baja. Cada vez que te despistes y pierdas el foco, vuelve a recuperarlo sin autocríticas ni juicios. Respira y sé consciente de ello. Nada más.

Antes de que te des cuenta, el temporizador sonará indicándote que ya ha terminado la sesión. Entonces, tómate un instante para ve cómo te sientes y toma nota de si hay alguna diferencia en tu estado físico o mental. Es posible que tu cuerpo esté más relajado y tú mente más clara, pero también puede que te hayas tensado porque no conseguías mantener la atención y has comenzado a luchar contra tu mente distraída. Pero eso no importa, la clave está en la práctica, no en su resultado.

Este ejercicio te puede parecer sencillo, pero no es ningún sucedáneo, es meditación pura; solo que en una dosis muy pequeña. Si te ha gustado el artículo, vuelve a visitar este espacio o suscríbete al newsletter para recibir los próximos artículos por email. Y si te apetece, puedes dejar un comentario debajo.

Imagen: Clara Serfaty