Lo mejor que puedes hacer ante un semáforo en rojo

Lo mejor que puedes hacer ante un semáforo en rojo

Solemos percibir los semáforos en rojo como molestos obstáculos en nuestro camino, pero con un cambio de perspectiva, podemos convertirlos en nuestros aliados y utilizarlos para disfrutar de instantes de calma en la ciudad. Da igual si vives en un pueblo, una ciudad pequeña o una gran ciudad: este artículo te enseñará cómo puedes llegar a disfrutar de los semáforos en rojo.

Las ventajas de detenerse

En España, los peatones tenemos tendencia a saltarnos los semáforos en rojo. Vemos el muñequito, miramos a un lado y al otro y decidimos si cruzamos o no. ¿Por qué esperar cuando no es peligroso? Porque una pequeña pausa tiene sus ventajas:

  • Puedes descansar. Cuando te detienes al ver la luz roja del semáforo, puedes descansar un momento y aparcar el estrés de la ciudad por unos segundos. Míralo de esta manera, el semáforo decide por ti cuándo debes parar y cuando puedes continuar y así te libera de la necesidad de permanecer siempre alerta y tomando decisiones. Rojo: deténte y relájate. Verde: puedes continuar.
  • Puedes recuperar tu propio ritmo. Si comienzas a detenerte en los semaforos en rojo, verás que muchas personas se los saltan y tomarás conciencia de la prisa que llevan algunos o, mejor dicho, de la prisa que lleva a algunos. Corre cuando quieras y sea necesario, pero no corras solo porque los demás lo hacen. Recupera tu ritmo, no te limites a seguir la corriente.
  • Evitas riesgos innecesarios. Cruzar en rojo siempre entraña algún peligro. Si te quedas en la acera hasta que sea tu turno para pasar, tendrás menos oportunidades de sufrir o provocar un accidente.

Instrucciones para relajarse ante los semáforos en rojo

¿Te apetece intentar reconciliarte con los semáforos en rojo? Con un poco de práctica puedes convertir lo que antes veías como un obstáculo en una bendición.

Pues solo tienes que seguir estas instrucciones para practicar la atención plena y la calma. ; están escritas desde el punto de vista del peatón, pero también puedes hacerlo en tu bici, moto o coche siempre que no dificultes el tráfico ni pongas a nadie en peligro.

La próxima vez que te encuentres con un semáforo en rojo, deténte y siente tu cuerpo bien asentado sobre tus pies. Si quieres, mira hacia los lados, hacia arriba, hacia atrás. Toma conciencia del lugar que ocupas. Esta puede ser una buena oportunidad para descubrir algún detalle en el paisaje urbano: la decoración de una fachada, las plantas de un balcón, el sol tras las nubes, los árboles de una avenida…

Quédate en tu lugar, no bailotees con inquietud. No tengas prisa por cruzar la calle. Deja de desear que el semáforo se ponga en verde de una vez. No hay prisa; y si la hubiera, no es cuestión de vida o muerte, déjala en suspenso unos segundos. ¡Incluso la prisa puede esperar!

Respira. Lleva tu atención a la respiración y siente como el aire entra en tus pulmones y cómo sale. Ahora te recomiendo que no pienses demasiado en la polución —quieres relajarte, no agobiarte— y que te alejes un poco de la carretera para no tragarte todo el humo de los coches… La respiración consciente nos devuelve al momento presente, al aquí y al ahora.

También puedes llevar la atención a tu propio cuerpo. Siente si alberga alguna tensión y déjala ir, sacúdela suavemente y déjala marchar. Si notas tensión en el cuello mueve la cabeza para liberarla o date un suave masaje con las manos. A veces, solo con un poco de atención podemos disolver la tensión.

Si el semáforo aún no se ha puesto en verde, puedes aprovechar para echar un vistazo a la gente que te rodea. Observa a las personas que están al otro lado de la calle y también a las que están a tu lado. Intenta mirarlas sin juzgarlas: no te preocupes por la ropa de este o los pelos de aquella, no busques aquello que te gusta o disgusta en estas personas. Intenta percibirlas con ecuanimidad, sin apego ni rechazo.

Tú también eres una de estas personas. Para ti tú estás a este lado, pero para la gente que está al otro lado, tú estás al otro lado. La perspectiva desde la que miras a los demás condiciona tu percepción, por eso es importante cultivar una percepción abierta, ecuánime y con los mínimos condicionamientos posibles. Si aprendes a mirar a los demás sin juicio, serás capaz de hacerlo con tu propia persona.

Respira. Siente tu cuerpo. Toma conciencia de tu entorno, de la ciudad y de las personas que te rodean. ¡Relájate y disfruta estos instantes!

Y cuando el semáforo se ponga en verde, dale las gracias por haber contribuido a este momento de conciencia, date las gracias a ti y continúa tu camino.

Intenta llevarte esa atención y esa conciencia contigo. Esta es una práctica continuada, un entrenamiento que solo da fruto con tiempo y dedicación. Si sigues practicando con constancia, podrás mantener tu conciencia clara y alerta entre semáforo y semáforo; sentirás mayor relación y podrás recuperar tu propio ritmo y dejar de caminar al ritmo que marca tu entorno.

En realidad, esto que acabas de hacer es una práctica de meditación mindfulness o atención plena. ¿Ves cómo meditar no es difícil? Solo hay que aprovechar las oportunidades que nos da la vida para cultivar la atención y la conciencia.

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