Retiro de meditación en el Tempo zen Luz Serena (España). Mi experiencia

Retiro de meditación en el Tempo zen Luz Serena (España). Mi experiencia

Este verano he participado en un retiro de meditación zen (o sesshin) dirigida por el maestro Dokushô Villalba en el Templo Budista Zen de Luz Serena, en las montañas del interior de Valencia, cerca de Requena. Hace unos ocho años que hice mi primer retiro de meditación zen, pero este ha segundo retiro ha sido mucho más profundo para mí. Durante una semana he podido sumergirme en el silencio y la meditación y hoy quiero poner por escrito algunas reflexiones sobre esta experiencia.

El valor terapéutico del silencio

Uno de los pilares de un retiro de meditación zen es el silencio. Todo el grupo toma el compromiso de permanecer en silencio absoluto durante unos días, de este modo nos evitamos escuchar las palabras de otros y las propias. Nos damos una tregua verbal y, como consecuencia, la verborrea de nuestra mente también se calma. De algún modo, al acallar la boca, se acalla también la mente.

Al principio del retiro, me resultó duro estar con otras cincuenta y tantas personas en silencio: encontrarme con la gente en los pasillos y no decir ni mu; sentarme a la mesa acompañado, pero comer en silencio absoluto… Pero después del primer día de silencio, le fui cogiendo el gustillo. De hecho, el último día no quería que llegara el momento de abandonar ese silencio precioso.

Y es que en estos días descubrí que el silencio es un tesoro. Sobre todo porque, como decía antes, el silencio de la boca da lugar al silencio de la mente. Esta experiencia me sirvió para entender que la práctica del silencio es una forma de higiene, una manera de liberarnos del torrente verbal de una mente acelerada y sobrecargada de estímulos. El silencio, practicado en el ambiente adecuado –no dejes de hablar en el trabajo, jeje– es realmente terapéutico.

Después de varios días en silencio, sin conversaciones propias ni ajenas, he tomado conciencia de que, con demasiada frecuencia, hablamos por inercia. Hablamos porque toca, porque creemos que la situación lo requiere o porque el silencio nos incomoda e ignoramos que, en realidad, lo que decimos tiene muy poco valor. Al menos, esa ha sido mi experiencia. Estoy convencido de que muchas de las conversaciones que habría mantenido si no hubiéramos hecho voto de silencio habrían tenido poco o ningún valor. Y lo que es más importante, me habrían distraído de la práctica de la atención y la concentración, que es el verdadero sentido de una sesshin.

Hay un proverbio que dice si no puedes mejorar el silencio, permanece callado. Y es que cuando entramos en el silencio, hemos dado el primer paso para ir más allá del ruído distractor de la vida cotidiana, hemos dado un paso hacia un conocimiento más profundo de nosotros mismos.

Mi reencuentro con el zazen

Además de ayudarme a ver el silencio de otro modo, este retiro de meditación me ha servido para reencontrarme con el zazen (la práctica sedente de la meditación zen). La primera vez que practiqué zazen fue en un dojo zen de Bilbao, hace unos diez años. Había leído varios libros de Taisen Deshimaru, Shunryu Suzuki, Maezumi Roshi y otros maestros zen y quería poner en práctica una teoría que me había llegado con mucha fuerza. Durante un par de años practiqué con cierta regularidad en este dojo y en casa. Le dedicaba un mínimo de media hora al día a la meditación y me sentaba francamente bien. Pero un cambio de país, trabajo y entorno social me llevó a desconectar de esta práctica.

Durante los años siguientes practiqué yoga y meditaciones mindfulness de Tich Naht Hanh, Kabat-Zinn y otros autores, pero raramente me sentaba en zazen. Ha sido en este retiro de meditación cuando verdaramente me he reencontrado con el zazen, una práctica de meditación que, para mí, tiene más fuerza que ninguna otra que haya probado. Estos días en Luz Serena me han animado a recuperar mi compromiso con una práctica de meditación diaria y, desde que he vuelto a Barcelona, estoy meditando cada día: cada mañana me siento en mi zafu en zazen.

Razones para hacer un retiro de meditación

Cuando le cuento a mis amigos y compañeros de trabajo que he pasado parte de mis vacaciones en un retiro de meditación en un templo budista en la montaña, levantándome a las 6:30AM para meditar y sin hablar durante una semana la reacción típica es: «¡Qué raro eres, Iñaki!»

Es verdad, irse de retiro no es el plan vacacional más habitual, pero creo que hay muchas razones para hacerlo:

  1. Nos permite vivir el silencio de otro modo.
  2. Nos ayuda a desconectar de nuestro entorno habitual y a conectar más con nosotros mismos.
  3. Nos permite vivir la naturaleza de un modo especial –si el lugar del retiro está en el medio natural, claro.
  4. Nos saca de la rutina y nos permite ser más conscientes de lo que sucede tanto en nuestro interior como en el exterior.
  5. Nos ayuda a cuestionar muchas de nuestras acciones y actitudes diarias.

¿Tú alguna vez has hecho algún retiro de meditación? ¿Cuál fue tu experiencia? ¿Repetirías? Y, si nunca lo has hecho, ¿te gustaría probarlo?

Nota: este artículo fue publicado originalmente en mi antiguo blog y lo he reproducido en este porque encaja con la temática de este espacio.
Crédito de la imagen: Comunidad Budista Soto Zen