¿Cómo puedo meditar en casa con regularidad?

¿Cómo puedo meditar en casa con regularidad?

Si estás leyendo esto, seguramente es porque te gustaría meditar en casa con cierta frecuencia; incluso puede que ya lo hayas intentando y que no te haya salido muy bien, ¿verdad?

Yo me he propuesto meditar cada día en más de una ocasión y, después de varios fracasos y algún pequeño logro, he aprendido algunas estrategias que te pueden ayudar.

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¿Qué te impide meditar de forma regular?

Si ya has intentado establecer una práctica regular de meditación y has fracasado, ya sabrás cuáles son los obstáculos que te han impedido conseguirlo. Puede que el cansancio, el ruido de tus vecinos o la falta de tiempo sean los culpables. Pero no te preocupes, vamos a ver cómo podemos conseguir encontrar el momento y la disciplina para meditar en casa con regularidad.

Y si nunca lo has intentado pero te lo estás planteando, seguro que puedes intuir qué se puede interponer entre tu práctica de meditación y tú.

Para facilitar el análisis de las dificultades y encontrar su solución, voy a distinguir entre obstáculos internos y externos. Los internos son los que en mayor parte dependen de mí y los externos, los que dependen de mi contexto.

Obstáculos internos

Falta de tiempo

Mi principal obstáculo interno a la hora de meditar —y el de muchos— es la falta de tiempo. Normalmente, esta falta de tiempo es la consecuencia directa de una mala planificación: hago mil cosas durante el día y cuando me doy cuenta ya es hora de acostarme. ¡Vaya, hoy no he tenido tiempo para meditar! Entre tú y yo: esto es una excusa barata.

Si quieres tener tiempo para meditar, tienes que reservar tiempo para meditar. Es así de sencillo. ¿Meditar es prioritario? Entonces no lo dejes para cuando tengas un hueco. Decide cuánto quieres meditar cada día o cada semana y marca el tiempo que le vas a dedicar en tu agenda. Tómatelo como una cita importante contigo misma y no faltes.

Cansancio

Reservando tiempo para meditar y planificándolo con antelación también puedes evitar otro de los obstáculos habituales: el cansancio. «Hoy estoy demasiado cansado para meditar: nueve horas en la oficina, luego en bici hasta casa, la compra, un par de llamadas y tres emails, mi niña que hoy no está de humor, la cena, el fregado… vamos, ¡que ahora me siento a meditar y me duermo!»

¿Te ha pasado alguna vez? A mí sí y por eso te recomiendo que medites por la mañana, al comenzar el día. De esta manera afrontarás la meditación con energía y en buen estado físico. ¿Que no puedes hacerlo por la mañana? Bueno, entonces intenta al menos no dejarlo para el último momento del día; a no ser que a ti te vaya bien meditar entonces.

Falta de motivación

Da igual si llevamos años meditando o hace poco que comenzamos a hacerlo, hay ocasiones en las que nuestra motivación se debilita. Nos cuesta mantener nuestra práctica, nos sentimos perezosos y sin ánimo.

Esta falta de motivación suele estar relacionada con expectativas incumplidas. Hay quien espera que la meditación llene su vida de felicidad y resuelva todos sus problemas. ¡Algunas personas incluso se sientan a meditar con la esperanza de iluminarse! Pero, aunque nuestras expectativas no sean tan ambiciosas —o exageradas—, todos deseamos y esperamos obtener algo de la meditación: más calma, dormir mejor, dejar de lado nuestros problemas, reducir nuestra ansiedad, etc.

La meditación nos puede ayudar en todos estos aspectos, pero no se trata de ninguna solución mágica y esto puede desanimar a más de uno. Ni los efectos de la meditación son iguales para todos, ni son siempre iguales para uno mismo. Cada sesión de meditación es diferente al resto.

Por eso lo mejor es meditar por el simple hecho de meditar. Sin expectativas. Sin deseos.

Esta actitud se conoce como mushotoku en el budismo zen y es la que muchos intentamos mantener en nuestra práctica. No perseguimos ningún beneficio con nuestra meditación, pero si lo obtenemos, no lo rechazamos; y, si no obtenemos nada, seguimos meditando.

En cierto modo, se trata de un acto de fe. La práctica de la meditación es la meta, no el camino a un objetivo distinto a la propia meditación.

He comido demasiado o tengo hambre; tengo ganas de ir al baño; tengo calor…

La solución a este problema es muy sencilla: si tienes hambre, come (pero no mucho); si tienes sed, bebe; y si quieres ir al baño, ve.

Si tienes calor, medita en un lugar fresco. ¿Tienes frío? Entonces abrígate o encience la calefacción.

¿Te incomoda la ropa que llevas puesta? ¡Pues ponte algo más cómodo!

Es así de sencillo, solo debes satisfacer tus necesidades físicas antes de comenzar a meditar. De este modo comenzarás con la disposición adecuada.

Obstáculos externos

El espacio

Es importante contar con un espacio adecuado para la meditación, un lugar ni frío ni demasiado cálido, ni muy húmedo ni excesivamente seco. Tampoco debería haber demasiado ruido —después hablaré más de este punto—, pero tampoco es necesario que haya silencio.

Da igual si el lugar es grande o pequeño: puedes tener un cuarto dedicado a la meditación o una esquina en cualquier lugar de la casa. Basta con que tengas sitio suficiente para sentarte (o permanecer de pie o acostarte, si no te sientas para meditar).

La meditación consiste en crear espacio interior.

El ruido

Más que el ruido, lo molesto es nuestra reacción de rechazo al mismo. «¡Estoy meditando, por qué coño no se callarán los vecinos!» Cierto, si el ruido es excesivo, puede ser muy difícil meditar, pero el ruido distante de los coches, el sonido de una aspiradora o las conversaciones de los vecinos no deberían ser un obstáculo insalvable.

Acepta el ruido. Dale la bienvenida. Toma conciencia de él. No lo rechaces ni te apegues a él, es solo un objeto más dentro de tu campo de conciencia. En esto consiste la meditación, en ser consciente de aquello que se manifiesta en el momento presente.

La gente con la que convivo

Es posible que tu pareja o tus hijos no entiendan muy bien por qué meditas y es normal. Aunque la meditación es cada vez más popular, no todo el mundo tiene claro qué es. Por eso es importante que les expliques a las personas que conviven contigo en qué consiste, por qué lo haces y, muy importante, que necesitas que respeten ese tiempo que le dedicas a la meditación.

Si tu casa es pequeña y es difícil meditar sin estorbar a los demás, puedes programar tu meditación para cuando todos estén fuera o durmiendo. A veces, para encontrar ese momento tranquilo en casa basta con levantarse media hora antes que los demás.

Estrategias para fortalecer nuestro compromiso con la meditación

Además de evitar aquello que nos dificulta llevar una práctica regular, también es conveniente buscar estrategias que nos hagan más fácil meditar con regularidad. He aquí tres que me han funcionado muy bien.

Llevar un diario de meditación

Cuando comencé a meditar, me ayudó mucho escribir un diario dedicado a mi práctica. Cada día, después de mi meditación, escribía en un cuaderno cuánto tiempo había meditado y cómo había ido la sesión. Esto me ayudaba a materializar mi práctica. Las páginas llenas en el cuaderno eran cada vez más y esto me servía como muestra de mi compromiso con la meditación. Era una prueba de mi regularidad que me animaba a seguir meditando.

Ahora ya no uso un diario, pero suelo utilizar una aplicación del móvil que me sirve de temporizador y de registro de todas mis sesiones. En cualquier momento la puedo mirar y ver cuánto he meditado en los últimos meses. Con esta herramienta es fácil ver cuándo flojea nuestra práctica y cuándo se fortalece.

Meditar en grupo

Aunque este artículo trata sobre la práctica regular de la meditación en casa, creo meditar con otras personas en un centro de meditación es una experiencia muy positiva que puede ayudarnos con nuestra práctica en casa.

Juntarse con otras personas que también meditan nos hace sentir parte de algo más grande y nos permite compartir dudas y experiencias.

En definitiva, meditar con otros nos ayuda a meditar solos.

Participar en un retiro de meditación

También recomiendo ir a un retiro de vez en cuando. En mi caso, el último retiro de meditación en el que participé me dio un empujón importante, me sirvió para renovar mi compromiso con la práctica regular de la meditación. De hecho, muchas mañanas, cuando me siento a meditar, recuerdo la atmósfera y la paz de aquel retiro y me siento más motivado para seguir meditando cada día.

Este tipo de prácticas intensivas tienen un efecto a largo plazo en nosotros, si bien es cierto que no son adecuadas para todos.

Espero que este artículo te resulte útil y te animo a suscribirte a la lista de correo del blog para no perderte mis próximos artículos.

Imagen: Ramón Clemente

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