Convertir el tiempo en oro

Convertir el tiempo en oro

Ya sé que has escuchado quichicientas veces que el tiempo es oro, pero es mentira. Lo siento, te han engañado. El tiempo no siempre es oro.

Te voy a poner un ejemplo personal. Algún fin de semana de mis años de estudiante me lo pasé tirado en el sofá tragándome capítulo tras capítulo de CSI Las Vegas mientras pensaba una y otra vez que debería estar haciendo algo más productivo; o más divertido, o más interesante o, sencillamente, menos patético.

Ese tiempo no era oro. Créeme.

Seguro que tú tienes tus propios ejemplos.

Lo que te quiero decir es que no importa tanto el tiempo, sino lo que haces con él.

El tiempo es, por decirlo de alguna manera, una vasija que bien podemos llenar de oro o de mierda —perdón, hoy no tengo ganas de finura—.

¿Qué quieres hacer con tu tiempo?

También podríamos reformular el dicho y decir que el tiempo es oro —o no— según lo que hagas con él.

Y, ¿sabes qué es lo que determina lo que haces tu tiempo? Tu atención.

Es más, aquello a lo que le dediques tu atención determinará en gran parte cómo será tu vida.

Por lo tanto, más te vale que decidas bien a qué le quieres dedicar tus horas, días, semanas, meses y años.

¿Cuál es el primer paso para tomar esta decisión? A continuación tienes mi propuesta.

Una lista muy importante

Siéntate un rato a solas con papel y boli y haz una lista de las personas y actividades que convierten tu tiempo en oro. ¿Qué cosas te llenan en la vida? ¿La compañía de quiénes es la más valiosa? Piensa y anótalo.

Estas son algunas de las cosas que hay en mi lista:

  • leer un buen libro
  • escribir
  • pasar tiempo de calidad con mi familia
  • cenar en casa con Ana y un par de buenos amigos (los peques duermen)
  • aprender algo nuevo
  • superar un reto intelectual
  • sentarme a meditar en zazen
  • tumbarme en la hierba y gozar del vaivén de los árboles y las nubes sobre mi cabeza
  • pasear por el bosque y perderme en la observación de una flor o un bichito
  • escuchar la voz del mar y sentir su olor
  • darlo todo en una clase de yoga
  • hacer una flexión más cuando creo que ya he llegado a mi límite
  • el sexo, ¡por supuesto!
  • escuchar una buena historia
  • arreglar algo que no funcionaba

Cuando tengas tu lista, repásala y revisa si sobra o falta algo (o alguien).

¿Ya la tienes?

Ahora te recomiendo que la pongas en un lugar visible para que te topes con ella varias veces al día. ¿Qué tal dentro de tu agenda o pegada en el espejo del baño? ¿Mejor impresa y enmarcada?

Sí a lo que está en la lista, no al resto

Este es el objetivo: ocupar todo el tiempo que puedas con las actividades y personas de tu lista.

Desfortunadamente, hacer la lista es más fácil que seguirla.…

No basta con que te propongas leer a García Márquez y pasear por la sierra. Porque Facebook quiere que veas otro maldito vídeo de gatitos; el periódico te quiere enchufar veintitrés nuevas noticias sobre el Procès —¡ay, qué hartito me tiene este tema!—; y lo suecos de Ikea quieren que este sábado te lo pases en su tienda, ¡que tienen el salmón ahumado y los sofás en oferta!

Si tú no decides qué vas a hacer con tu tiempo, otros lo decidirán por ti.

Aférrate a tu lista como si fueran las Tablas de la Ley. Rechaza firmemente todo lo que no esté en esa lista—siempre que sea sensato hacerlo, no vayas a mandar a tu jefa a paseo porque quieres gozar de la brisa marina—. Defiende tu tiempo libre con uñas, dientes y amables «no, gracias».

Como te diría Rajoy por SMS: «Sé fuerte, (pon aquí tu nombre)».

No te entretengo más. Ya puedes ir a por papel y boli y darle caña a esa lista si no lo has hecho ya.

Créditos: las fotografías de este artículo provienen de Unsplash. La de la cabecera es obra de Jared Sluyter y la del cuerpo del artículo, de Heather Zabriskie.