Chica sentada de espaldas mirando el mar con bloques de hielo

Ver más allá de lo evidente

Vamos a comenzar este artículo con un pequeño ejercicio: lo único que tienes que hacer es pensar en tu árbol favorito.

Puede que sea un platanero de un parque de tu ciudad, un roble de los paisajes de tu infancia o aquella encina majestuosa que viste en tu última excursión.

En realidad, no importa qué tipo de árbol es ni dónde está. Lo único que tienes que hacer es evocar su imagen.

Árbol en campo de cereales.

Seguramente, la imagen de tu árbol incluye un tronco, ramas y hojas. Al fin y al cabo, así es como solemos ver y representar los árboles, ¿no?

Pero, espera un momento, ¿no le falta algo a esa imagen?

¡Claro! ¡Le faltan las raíces!

Da igual si tu árbol favorito es un abeto, un sauce o un olivo, sea cual sea su especie, todos los árboles tienen raíces. Aunque no las veas.

Sin embargo, cuando miramos un árbol, lo vemos solo a medias: nos quedamos en aquello que captan nuestros ojos —lo que queda por encima de la tierra— e ignoramos lo que queda fuera del alcance de nuestra vista —sus raíces—.

¡Y lo mismo nos sucede con la gente! Cuando miramos a otra persona, hay mucho que queda fuera del alcance de nuestra visión.

Sí, ya sé que lo sabes, pero también sé que a veces se te olvida —a mí también, no te creas— y por eso te lo recuerdo. En ocasiones no se trata de descubrir nada nuevo, sino de recordar lo que ya sabemos.

Como decía, al igual que nuestras imágenes de árboles, nuestras imágenes de otras personas también suelen ser incompletas.

Cuando miramos a alguien, tan solo vemos su aspecto y algunas de sus acciones. Y a partir de esas percepciones, de nuestras experiencias previas y de nuestros prejuicios, construímos nuestras representaciones de los demás. 

El problema es que solemos confundir esas imágenes parciales que nos inventamos con representaciones completas y fidedignas.

Sin embargo, al igual que los árboles tienen raíces que se esconden bajo la tierra, las personas tenemos muchos aspectos que no se ven a simple vista: historias, recuerdos, pensamientos, emociones, motivaciones, miedos, prejuicios…

Si excavas en el bosque, descubrirás raíces. Y si observas y escuchas a los demás con más atención, intentando no proyectar tus representaciones sobre ellos, comprobarás que tienen muchas facetas que no habías visto antes.

Este acto de observación profunda y abierta puede cambiar mucho tu perspectiva y tus relaciones con los demás.

Esforzarnos por ver más allá de lo evidente nos ayuda a conocer mejor a las personas que nos rodean y a lograr mayor intimidad con ellas. Lo sé por experiencia.

¿No crees que merece la pena intentarlo? ¡Yo estoy seguro de que sí!


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