No todo depende de cómo lo mires

No todo depende de cómo lo mires

Estoy harto de los gurús del pensamiento positivo y de su discurso relativista del «todo depende de cómo lo mires». Odio la manera en la que responsabilizan al individuo de todos sus males, como si sus circunstancias no contaran. ¿Me das unos minutos de tu tiempo para explicarte cuál es la trampa del pensamiento positivo y ayudarte a evitarla?

Depende, todo depende…

Hace unos días cayó en mis manos un artículo publicado en el semanal de un diario de tirada nacional, se trataba de uno de esos textos de autoayuda que no faltan en este tipo de revistas. Comencé a leerlo y enseguida me topé con una frase venenosa que hoy en día se lee y escucha con demasiada frecuencia: «todo depende de cómo lo mires».

En este artículo intentaré explicarte por qué creerse esta afirmación es tan peligroso.

Más allá de la psicología

Un enfoque psicológico distorsionado puede hacer que percibamos la realidad de una manera dolorosa y que veamos problemas donde no los hay. Y claro que estos problemas pueden desaparecer si cambiamos nuestra forma de pensar, porque su origen está en nuestra mente y no tanto en la realidad. Todos conocemos a personas que se ahogan en un vaso de agua, ¿verdad? Por eso es bien sano saber relativizar y echarle un poco de optimismo a la vida.

No obstante, eso no significa ni que todo sea relativo ni que todo el sufrimiento se pueda eliminar con pensamiento positivo. Decir que todo es relativo y que depende de cómo lo mires es pasarse tres pueblos, es una auténtica barbaridad; y afirmar que todo se soluciona con pensamiento positivo es pecar de ingenuo o aprovecharse de la ingenuidad de los demás.

Pero lo hemos oído y leído tantas veces que muchos se lo han creído… y esto es muy peligroso, porque cuando crees que todo depende de cómo lo mires, piensas que cuando sufres estás haciendo algo mal, que no estás mirando las cosas desde el ángulo adecuado. Piensas que la culpa es tuya porque no estas pensando positivamente y te olvidas de que, tal vez, el problema esté fuera y no dentro de tu cabeza.

Debemos reconocer que gran parte del sufrimiento de muchas personas viene dado por sus circunstancias socioeconómicas y laborales; y no por cómo las interpretan o perciben. Por ejemplo, pensemos en los miles de desahucios que se están llevando a cabo en España. El problema de las personas desahuciadas no es cómo se toman que los bancos las echen de casa, ¡el problema es el hecho de que las estén echando a la calle!

Muchos hombres y mujeres en nuestro país trabajan en condiciones de mierda para poder malvivir y salir adelante o, mejor dicho, para no hundirse del todo. Y esto no es un problema psicológico individual, no señor, se trata de un problema social y político y, precisamente por eso, exige soluciones políticas y sociales. Esta gente no necesita terapia, necesita ayuda material y políticas sociales.

Del mismo modo que un gato nunca se convertirá en elefante por mucho que nos digamos que es un elefante —ni por mucho que lo miremos desde otro ángulo—, tampoco muchos de nuestros problemas dejarán de serlo y de causarnos sufrimiento gracias al pensamiento positivo. No, siento ser aguafiestas, pero el pensamiento positivo no es la panacea para todos los males humanos.

Hay problemas que podemos solucionar cambiando nuestra forma de pensar, pero muchos solo se solucionan cuando cambiamos la realidad.

Pincha la burbuja del individualismo

Hay vida más allá del individuo y de su psicología. Ahí afuera hay todo un mundo de fenómenos y personas que influyen en nuestra mente y en nuestros sentimientos. Por eso mismo es esencial que aprendamos a distinguir qué problemas vienen de nuestra mente y cuáles de nuestro entorno.

En ocasiones, el pensamiento positivo nos puede ayudar a resolver nuestros problemas y a ser más felices. Pero cuando lo intentamos solucionar todo desde la mente, siguiendo el mantra de todo depende de cómo lo mires, podemos confundirnos y obsesionarnos con cambiar nuestra percepción cuando lo que deberíamos cambiar es la realidad.

Debemos ser críticos y tener claro que hay problemas individuales que podemos solucionar solos y problemas colectivos que solo podemos resolver juntos. O, dicho de otro modo, hay problemas que se solucionan con psicología y problemas que se solucionan con política y acción social.

Así que, la próxima vez que le cuentes un problema a alguien y te diga que todo es relativo, pídele que le eche un vistazo al periódico y que te explique cuáles de las desgracias que cuentan las noticias se pueden solucionar con un cambio de perspectiva.

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Créditos de la imagen: Miguel Vaca (Creative Commons)