Del miedo a perderse algo a la alegría de perderse algo

Del miedo a perderse algo a la alegría de perderse algo

Ahora que se apagan los ecos de las últimas palabras incorporadas al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, yo quiero proponerte dos nuevos términos para tu vocabulario personal. Se trata de dos acrónimos importados del inglés: FOMO y JOMO. A continuación te explicaré qué significan y por qué te pueden ayudar a vivir con más alegría y menos estrés.

FOMO: miedo a perderse algo

La primera palabra es FOMO: fear of missing out.

Si la españolizamos quedaría como: «miedo a perderse algo» o MAPE, para los más atrevidos.

Tal vez te sorprenda, pero la palabra FOMO está incluida en el Oxford Dictionary:

FOMO: Anxiety that an exciting or interesting event may currently be happening elsewhere, often aroused by posts seen on a social media website.

Y en el Merriam Webster:

FOMO: fear of missing out: fear of not being included in something (such as an interesting or enjoyable activity) that others are experiencing

Si combinamos estas dos definiciones, podríamos crear esta otra en español:

Miedo a perderse algo: ansiedad que sentimos al pensar que nos estamos perdiendo alguna actividad interesante o agradable que otros sí que están experimentando. Con frecuencia surge a raíz del visionado de publicaciones en redes sociales.

A mi me hacen sentir FOMO las novedades editoriales y las reseñas bibliográficas. Abro Twitter y veo el interesantísimo ensayo que acaba de publicar Turner y lo quiero leer; veo que Errata Naturae ha publicado algo nuevo de Edna O’Brien y lo añado a mi wishlist de Amazon; y el último libro sobre meditación de Kairós pinta muy bien…

Al final mi lista de lecturas no deja de crecer y siento que por cada libro interesante que leo me pierdo otros diez. FOMO en estado puro.

A otros les genera FOMO haber elegido este restaurante en lugar de aquel otro; o haber optado por la Costa de la Luz en lugar haber ido al Cantábrico de vacaciones; o haberse inscrito al curso de flamenco en lugar de al de lyndy hop; o haberse matriculado en Biología y no en Ciencias del Medioambiente…

Sí, en la vida hay que elegir, lo sé, pero con internet y las redes sociales empeñadas en recordarnos el millón de apetitosos productos y gozosos servicios que la sociedad de consumo pone a nuestra disposición, esto del FOMO es el pan nuestro de cada día.

Aunque el miedo a perderse algo no solo tiene causas digitales: también el mundo offline nos recuerda con recochineo ese marasmo de posibilidades con sus seductores escaparates y sus omnipresentes anuncios. ¡Por no hablar de esas seductoras librerías independientes!

Elijas lo que elijas, por muy bien que elijas, siempre te estarás perdiendo algo bueno. Asúmelo.

Lo siento. Espero no haberte hecho llorar…

JOMO: alegría de perderse algo

Lo sé, esa sensación de estar perdiéndote algo porque has elegido otra cosa suele ser un mal trago pero, créeme, puede llegar a ser agradable cuando se trata de una decisión deliberada. Deja que me explique.

Cuando vas a ese bufé libre y decides no comerte un segundo postre —ni un tercero ni un cuarto—, sales de allí con el porte bien alto. ¿Por qué? Porque has antepuesto tu cuidado personal a la gula y eso te hace sentir bien.

Disfrutar de una tarde de domingo con tus hijos y tu pareja en lugar de consumir —o ser consumido por— la última serie de Netflix también puede ser una forma agradable de perderse algo.

Del mismo modo, renunciar a la gran vida cultural de la ciudad a cambio de una vida más tranquila en un pueblo —una vida que no te obligue a consumir y a trabajar tanto— puede ser una pérdida gratificante.

Seguro que tú puedes poner tus propios ejemplos.

Pues bien, esto también tiene nombre en inglés: JOMO o joy of missing out.

Es decir, «alegría de perderse algo» (ADPE).

Esta es la otra palabra que te propongo que añadas a tu vocabulario personal. Ahora te explico por qué.

Cultiva la alegría de perderte algo

El miedo a perderse algo es pasivo, es algo que nos sucede. No nos levantamos de buena mañana y decidimos estar ansiosos y estresados pensando que nos estamos perdiendo la visita al Alcázar de Sevilla porque en su lugar elegimos ver la ciudad desde una ruta en barco por el Guadalquivir. Se nota que acabo de volver de Sevilla.

Por el contrario, la alegría de perderse algo sí que se puede cultivar de forma activa. La alegría de perdernos algo puede ser una decisión deliberada y puede ayudarnos a reducir nuestro miedo a perdernos cosas.

La fórmula es: cuanto más JOMO, menos FOMO.

¿Cuál es el secreto para conseguirlo? Concentrarse en lo que de verdad nos importa y dejar pasar el resto.

Lista de cosas que me quiero perder este año

¿Cómo puedes empezar? Escribiendo una lista de las cosas que te quieres perder el año que viene. De paso, anota también todas las cosas que disfrutarás en su lugar porque, ¿sabes qué? Que cuando tienes claro lo que quieres, te preocupa mucho menos perderte esas experiencias agradables que no están en tu lista de prioridades.

Yo ya he comenzado mi lista de cosas que me quiero perder en 2018; aquí tienes algunas de ellas:

  • Voy a dejar de leer cientos de interesantísimos artículos de blogs y periódicos para dedicarle más tiempo a escribir.
  • Voy a perderme el 99,9 % de las novedades editoriales para leer a fondo 20 o 30 libros.
  • Voy a dejar para otro momento ese interesante curso sobre budismo y voy a dedicarle el tiempo que me tomaría a la meditación.
  • Voy a prestarle menos atención a Twitter y más a cuidar del orden en mi casa.

Al hacer una lista con las cosas a las que voy a renunciar, lo que en realidad estoy haciendo es crear espacio para las cosas que verdaderamente me importan. Estoy definiendo mis prioridades y decidiendo a qué le quiero dedicar mi tiempo, mi energía, mi atención y mi dinero.

Lo sé, en 2018 veré cientos de libros que me gustaría leer; decenas de platos que me gustaría probar; un buen puñado de cursos que me gustaría hacer… Pero con un poco de conciencia —de eso van mi blog y gran parte de mi esfuerzo vital— me será más fácil renunciar a ellos con gusto (o, al menos, con menos disgusto).

Tu turno

Llegados a este punto, tengo dos preguntas para ti:

  1. ¿A qué vas renunciar (con gusto) este año?
  2. ¿A qué le vas a dedicar tu tiempo, energía, atención y dinero este año?

Como dejó escrito Séneca:

No tenemos escaso tiempo, sino que perdemos mucho. Nuestra vida es suficientemente larga y se nos ha dado en abundancia para la realización de las más altas empresas, si se invierte bien toda entera; pero en cuanto se disipa a través del lujo y la apatía, en cuanto no se dedica a nada bueno, cuando por fin nos reclama nuestro último trance nos percatamos de que ya ha transcurrido la vida que no comprendimos que corría. Así es: no recibimos una vida corta, sino que nos la hacemos, y no somos indigentes de ella, sino dilapidadores. Tal como los caudales vastos y dignos de un rey, en cuanto van a parar a un mal dueño, al instante se desvanecen y, en cambio, por más que sean modestos, si se ponen en manos de un buen administrador, crecen con su uso, así nuestra vida resulta muy extensa para quien se la organiza bien.

Séneca – Sobre la brevedad de la vida


Fotografía: Jerry Kiesewetter (Unsplash)
Cita: Séneca (2013). Séneca (Biblioteca Grandes Pensadores). Madrid: Gredos. Edición para Kindle, posición 8.448.