Meditación y atención plena. Entrevista a Dokushô Villalba (II)

Meditación y atención plena. Entrevista a Dokushô Villalba (II)

Esta es la segunda y última entrega de la entrevista colaborativa al maestro zen Dokushô Villalba. Así que, si quieres empezar por el principio, aquí tienes el enlace a la primera parte de la entrevista. En esta ocasión, el tema central de la entrevista es la práctica de la meditación y la atención plena o mindfulness.

Hace unos años que la práctica de la atención plena o mindfulness llegó a España y cada vez está más presente en nuestra sociedad. Hay decenas de libros y cursos sobre atención plena —para parejas, ejecutivos, padres, niños, adolescentes, ancianos, profesionales sanitarios, etc. Sin embargo, en muchos casos se trata de un mindfulness descafeinado, muy alejado de las prácticas budistas. ¿Cómo ve esta proliferación del mindfulness? ¿Qué le ve de positivo? ¿Y qué de negativo?
Como todas las cosas, la expansión del mindfulness tiene sus aspectos positivos y sus peligros. En el lado positivo, el mindfulness está llevando la práctica de sentarse y sentirse (tomar conciencia) a la corriente central de la cultura actual en los países desarrollados. En el lado negativo, la práctica de la meditación se banaliza y se convierte en una técnica de relajación o de simple bienestar. Por otra parte, hay mucho postureo esnobista a este respecto y muchos de los que se dicen instructores de mindfulness ni siquiera practican regularmente la meditación sentada. Cuando el mindfulness es abordado como una simple técnica de bienestar basada en la atención puntual y se olvida ampliar esta atención a todos los aspectos de la vida (personal, social, cultural, económico, político, medioambiental, etc.), fácilmente se convierte en una manera de esconder la cabeza en el propio ombligo, buscando un bienestar personal pasajero.

Pero hay nuevas formas de mindfulness, como el MBTB, o mindfulness basado en la tradición budista, que proponen una práctica más integral y más acorde a los principios transmitidos por la tradición budista, en concreto a la actitud ética con la que se emprende la práctica.

Maribel, desde Monforte del Cid (España), pregunta lo siguiente: ¿Qué  podemos hacer para introducir en nuestra vida cotidiana la práctica de la atención plena? ¿Cualquier actividad cotidiana puede ser usada para practicar mindfulness?
Mindfulness, o atención plena, consiste en poner una atención sostenida sobre todo lo que experimentamos y hacemos en nuestra vida cotidiana. No hay ninguna actividad a la que no podamos/debamos prestar atención. No obstante, la mejor forma de desarrollar este estado de atención es practicando meditación sedente en inmovilidad. La meditación sedente nos ayuda a interiorizar la atención, es decir, retirarla del mundo externo y enfocarla en nuestras experiencias internas. Después, con la práctica, vamos ampliando nuestra atención e incluyendo también el mundo externo, pero sin perder la conciencia de nuestra interioridad. Este es un proceso que requiere práctica y entrenamiento.

¿Cómo podemos introducir la atención en nuestra vida cotidiana? Prestando atención a nuestra vida cotidiana, siguiendo un entrenamiento pautado y dirigido, como el que transmitimos en la Escuela de Atención Plena, siguiendo la metodología MBTB.

Jolanthe, desde Barcelona (España), pregunta lo siguiente: Me gustaría saber cuánto tiempo invierte el maestro zen Dokushô Villalba diariamente en la meditación. ¿Existen días en los cuales no medita y si es así puede apreciar un cambio interior ese día? ¿Necesita la meditación para su bienestar como el agua para vivir?
Habitualmente medito una hora al día, a veces dos. A menudo participo en retiros intensivos de meditación. Entonces meditamos cuatro horas y media o seis horas diarias. No obstante, con el tiempo, he aprendido que el estado de meditación no depende de la sala en la que te encuentras ni de la postura corporal que adoptas. Me gusta meditar trabajando en el ordenador, en el jardín, cuando paseo, cuando conduzco, cuando leo y cuando descanso. El maestro zen Eihei Dôgen decía que «zazen y vida cotidiana son no dos». Esto es, el estado de meditación, cuando la mente se ha establecido sólidamente en él, no tiene puerta de entrada ni puerta de salida.

Aún así, no me siento bien si pasan varios días sin sentarme en la postura de meditación. Para mí se ha convertido en una forma de autorregulación, a todos los niveles: corporal, emocional, mental y espiritual. Así que sí, la meditación es para mí como agua de vida.

Ana, desde Sevilla (España), pregunta lo siguiente: Maestro, ¿podría explicarme los conceptos de apego y no apego desde una óptica budista?
El apego es una fijación, a veces una obsesión, y su hermano gemelo es el rechazo, la aversión. La realidad es de naturaleza cambiante. Nada permanece fijo ni estático. Todo es cambio. El apego es una percepción y una actitud emocional que trata de negar el cambio. El apego incluye un error cognitivo (una percepción deformada de la realidad) y una actitud emocional disfuncional (un déficit de adaptación a la realidad). Cuando encontramos una sensación placentera queremos conservarla, tratamos de aferrarnos a ella para que no desaparezca. Generamos la ilusión de que podemos hacerlo. Pero no podemos. El placer dura poco. Las personas duramos poco. La vida es impermanente. La experiencia resultante del apego y de la aversión es dolorosa. Nos duele perder lo que amamos, lo que hemos conseguido de bueno y de agradable, porque hemos creado la ilusión de que eso era para siempre y para mucho tiempo. La ecuación es de validez universal: a mayor apego o aversión, mayor dolor. Suprimir totalmente cualquier forma de apego es muy difícil y tal vez esté fuera del alcance del ser humano, o no sea ni siquiera deseable. No obstante, debemos ser conscientes de que nuestros apegos, por débiles que sean, generan alguna forma de dolor o malestar.

Milarepa, el sabio budista de los Himalayas, vivía como ermitaño en una cueva. Su vida era sencilla y no poseía casi nada, apenas un cuenco de barro para comer y beber. Un día, el cuenco se le cayó y se rompió en pedazos. Milarepa se lo quedó mirando y exclamó: «Hoy, al romperse, este cuenco que era mi única posesión me ha dado una gran lección sobre la impermanencia».

Podemos considerar cada pérdida como una gran lección de la impermanencia. Si así lo hacemos, nuestros apegos disminuirán y nuestra felicidad y bienestar espiritual, crecerán.

Anabel, desde Murcia (España), pregunta lo siguiente: ¿Cómo supo que en el budismo era su camino y cómo fue la toma de esa decisión? ¿Ha alcanzado eso que llaman el nirvana? En caso afirmativo, explíquenos qué se siente.
Comencé a practicar la meditación zen y a estudiar el budismo zen cuando tenía veinte años. Un año después, durante un retiro intensivo de meditación en la naturaleza, tuve una experiencia espiritual de gran calado que conmocionó los cimientos de mi ser-estar en el mundo. Entonces me dije que si la meditación zen había sido la puerta que me había conducido a esa visión, el zen era mi camino. Poco meses después recibí la ordenación de monje budista zen en París, de mi primer maestro Taisen Deshimaru Roshi. Desde entonces me he dedicado en cuerpo y espíritu a la práctica, al estudio y a la enseñanza del budismo zen. Hasta ahora y, creo poder afirmar, hasta que muera.

El nirvana es considerado de formas distintas por las diferentes tradiciones budistas. Para algunas, nirvana es sinónimo de muerte biológica. Para otras es la cesación de cualquier tipo de deseo y del sufrimiento asociado. Para otras, entre ellas el zen, es un estado de libertad interior respecto a la vida y a la muerte propia y de los demás. No sé si he alcanzado el nirvana. No me lo pregunto porque no me importa. La meta de mi práctica no es alcanzar nada, ni siquiera el nirvana.

Una vez, una persona común me preguntó: «¿Qué diferencia hay entre usted, que es un maestro zen, y yo que soy una persona común?» Yo le respondí: «Esencialmente, no hay ninguna diferencia entre usted y yo. Ambos compartimos la misma naturaleza humana. No obstante, usted cree que está vivo y yo sé que ya estoy muerto».


Si deseas más información sobre el maestro Dokushô Villalba, aquí te dejo algunos enlaces útiles: