Lo que aprendí de un cubata y del atentado contra Charlie Hebdo

Lo que aprendí de un cubata y del atentado contra Charlie Hebdo

2015 comenzó con un susto muy grande para nuestra familia. Ana, Maia y yo habíamos ido a la sierra norte de Sevilla con mis suegros, cuñados y sobrinos para cambiar de año en la naturaleza. Nos alojábamos en una casa rural fría como un iglú y ya se nos comenzaba a poner cara de pingüino, pero ese no iba a ser el mayor de nuestros problemas…

El 31 de diciembre, a medianoche, nos comimos las uvas como marca la tradición y nos fuimos a la cama inmediatamente después; en contra de lo que marca la tradición. A las doce y cuarto ya estábamos todos acostados. Pero pronto tuve que salir de la cama: mi cuñada acababa de subir a llamarnos porque se había dado cuenta de que había mucho humo en la casa.

Mi suegro y yo bajamos al salón y comprobamos que mi cuñada tenía razón. La chimenea estaba revocando el humo al interior de la casa y corríamos el riesgo de ahumarnos como salmones noruegos.

Así comenzó una aventura nocturna que incluye un extintor, mucho humo, una evacuación en el coche de la policía local —el nuestro se había quedado sin batería—, un frío del carajo y una reubicación en tiempo récord gracias a la solidaridad de unos vecinos del pueblo.

¿Sabéis por qué mi cuñada se dio cuenta de que había un problema con la chimenea? Porque cuando durmió a sus hijos decidió volver al salón a tomarse un cubata y a disfrutar de un momento de relax a solas —los que tenéis hijos sabéis bien lo necesarios que son estos momentos—. Si se nos hubiera olvidado comprar ron o si ella no hubiera tenido ganas de levantarse otra vez, es muy posible que el humo nos hubiera asfixiado a los nueve.

Durante los días siguientes a esta experiencia pensé mucho en la vida, en la muerte y en la importancia de vivir el momento presente. Lo cierto es que hace años que pienso en la muerte por la influencia que el budismo zen tiene en mi vida, así como por mi gusto por la filosofía de los clásicos estóicos. Pero una cosa es leer sobre la muerte cómodamente sentado en el sofá y otra muy distinta verle las orejas.

Justo unos días después de nuestra entrada en el año nuevo, dos fanáticos vaciaron los cargadores de sus AK-47 en la redacción de Charlie Hebdo. Nueve personas, que fueron al trabajo como tantos otros días habían hecho, murieron asesinadas allí. Fueron a la oficina pensando que ese sería un día como otro cualquiera, pero no, ese fue un día trágico. Fue su último día.

En este caso la muerte venía disfrazada de yihadista. En el nuestro pudo habernos llegado con forma de humo. Otras veces se llama cáncer o accidente de tráfico. O infarto. También se puede morir uno de viejo o de pena, según dicen. Y es que la muerte está ahí, agazapada detrás de una esquina. O de viaje por el Congo, esperando a que llegue tu momento. Quién sabe…

Cuando pienso en lo que mi familia y yo hemos vivido esta última Nochevieja o en lo que acaba de suceder en las oficinas de Charlie Hebdo, me doy cuenta de que la vida sucede ahora y el futuro es solo una suposición. Esto me ha servido para fortalecer mi compromiso con el presente: voy a vivir al día y a dejar el menor número de cosas importantes para mañana; no vaya a ser que para mí todo se acabe hoy. Como dijo el sabio Marco Aurelio en sus Meditaciones:

No obres como quien ha de vivir diez mil años. Lo irreparable está ya suspendido encima de ti. Mientras vives, mientras es aún posible, sé hombre de bien.

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Fuentes:
Marco Aurelio. Meditaciones.
Death to the Stock Photo