‘Una temporada en Tinker Creek’, un canto de amor a la naturaleza

‘Una temporada en Tinker Creek’, un canto de amor a la naturaleza

Los seres humanos no vivimos en el vacío, sino que habitamos el planeta Tierra y somos parte de la Naturaleza —así, con mayúsculas—. Sin embargo, a muchas personas que viven en la ciudad les cuesta conectar con la naturaleza. Si eres de estas personas, te animo a redescubrir el mundo natural de la mano de Annie Dillard en Una temporada en Tinker Creek, la obra con la que ganó el Premio Pullitzer de Ensayo en 1975.

Una temporada en Tinker Creek destila observaciones y pensamientos que la autora recogió durante los meses que pasó viviendo en una casita en la cordillera de los Apalaches, en plena naturaleza. Es un libro curioso, una especie de diario de campo donde la descripción minuciosa del entorno se entremezcla con las reflexiones filosóficas de la autora.

Hazte con una copia del libro y te encontrarás, como yo me encontré, viendo a través de los ojos Dillard, esos ojos que son como la lente de una cámara fotográfica:

Pero hay otro tipo de visión que implica dejarse llevar. Cuando veo de este modo, me tambaleo, paralizada y vacía. La diferencia entre las dos formas de ver es la misma que entre pasear con una cámara y sin ella. Cuando paseo con una cámara, voy de foto en foto midiendo la luz con un fotómetro. Cuando camino sin cámara, mi propio obturador se abre y la luz del momento se fija en mis entrañas de haluro de plata. Cuando veo de este segundo modo, soy, ante todo, una observadora sin escrúpulos.

Descubrirás a una mujer observadora y atenta que pasa horas estudiando los nidos de la mantis religiosa o pensando en lo efímero de la vida humana:

Pero el tiempo es lo único que nos ha sido dado, del mismo modo que nosotros hemos sido dados al tiempo. El tiempo nos proporciona una oportunidad. Seguimos despertándonos de un sueño que no recordamos, mirando sorpendidos a nuestro alrededor y volvemos a dormirnos, así durante años. Pero yo lo único que quiero es permanecer despierta, mantener la cabeza levantada, los ojos abiertos de par en par, apuntalados con palillos de dientes o con árboles.

En Tinker Creek te encontrarás con una filósofa:

La naturaleza es, por encima de todo, derrochadora. No crean a los que hablan de lo ahorradora y económica que es la naturaleza porque las hojas regresan al suelo. ¿No sería más barato dejarlas en el árbol? Este asunto de las hojas caducas es en sí un proyecto drástico, el invento de un maníaco-depresivo con capital ilimitado. ¡El derroche absoluto! La naturaleza es capaz de todo. Eso es lo que nos indican los insectos. Ninguna forma es demasiado espantosa, ningún comportamiento es demasiado grotesco. Si estás manejando compuestos orgánicos, deja que se combinen. Si el resultado funciona, si empieza a moverse, déjalo que repiquetee por la hierba, siempre queda espacio para uno más, y tú tampoco eres tan guapo. Es una economía derrochadora; aunque nada se pierde, todo se gasta.

Y, claro, como es de suponer en un libro galardonado con un Pullitzer, su prosa es magnífica y está plagada de imágenes llenas de fuerza como esta:

Ha nevado. Ayer nevó durante todo el día y el cielo no se vació a pesar de que las nubes eran tan bajas y pesadas que parecía que se iban a caer de un golpe seco.

Eso sí, quiero advertirte: Una temporada en Tinker Creek no es una lectura facilona, como habrás notado en los extractos que he reporoducido aquí. Es un libro para personas con gusto por la lectura pausada.

Por si quieres leerlo, debajo tienes la referencia bibliográfica completa y un enlace a la web del editor (Errata Naturae), donde encontrarás más información sobre el libro y unas páginas de muestra:

Dillard, Annie. 2017. Una temporada en Tinker Creek. Madrid: Errata Naturae.

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